miércoles, 9 de diciembre de 2015

María, luz de la misericordia de Dios






En la noche del lunes 7 de diciembre nos reunimos en torno a María, la Madre de la Misericordia, y le pedimos, con amor de hijos, que "la dulzura de su mirada nos acompañe en este Año Santo, para que podamos redescubrir la alegría de la ternura de Dios".



 Junto a un cántaro vacío le presentamos nuestro deseo de vaciarnos de nosotros mismos y de todo aquello que nos impide acoger la Palabra y la voluntad de Dios en nuestras vidas.



 María, nos invita siempre a caminar sin miedo, iluminados por la luz de Cristo, 
para hacer posible que la alegría del Evangelio llegue hasta los confines de la tierra 
y ninguna periferia se prive de su luz.

Que María nos enseñe a decir sí a Dios cada día de nuestra vida, 
sin que nada ni nadie nos aparte de su amor.

domingo, 29 de noviembre de 2015

Despierta. Recuerda que Dios viene

El Adviento es, por excelencia, tiempo de esperanza. Un año más se nos invita a permanecer en una espera activa, con la certeza que nos asegura, como nos recordaba Benedicto XVI, "que Dios "viene": viene a estar con nosotros, en todas nuestras situaciones; viene a habitar en medio de nosotros, a vivir con nosotros y en nosotros; viene a colmar las distancias que nos dividen y nos separan; viene a reconciliarnos con él y entre nosotros. Viene a la historia de la humanidad, a llamar a la puerta de cada hombre y de cada mujer de buena voluntad, para traer a las personas, a las familias y a los pueblos el don de la fraternidad, de la concordia y de la paz".

Una espera que se teje en la oración y en el amor, donde nos hacemos conscientes de que Dios "es un Padre que nunca deja de pensar en nosotros y, respetando totalmente nuestra libertad, desea encontrarse con nosotros y visitarnos; porque desea liberarnos del mal y de la muerte, de todo lo que impide nuestra verdadera felicidad, Dios viene a salvarnos.

Dejémonos preparar el corazón para que el Señor lo encuentre bueno y abierto y pueda colmarlo de sus dones. Sigamos el ejemplo de María, Virgen del Adviento, "para entrar de verdad en este tiempo de gracia y acoger, con alegría y responsabilidad, la venida de Dios a nuestra historia personal y social".


¡Feliz Adviento!

miércoles, 25 de noviembre de 2015

¡¡¡De nuevo en casa!!!

Hoy, la UNER de Tenerife,  hemos celebrado nuestro retiro de Adviento. Las circunstancias quisieron que tuviéramos que hacerlo en Nazaret, y no en la casa de ejercicios como acostumbramos; y pese a lo estrechitas que estábamos porque nos juntamos más treinta, la expresión que más se oía entre todas era: ¡qué alegría encontrarnos de nuevo en casa!

Ni qué decir tiene la felicidad de las hermanas, porque ese es su mayor deseo, que Nazaret sea siempre una casa de puertas abiertas donde tengamos cabida todos. Lugar de acogida, donde puedo llegar sin previo aviso y pasar sin llamar porque nos sintamos de verdad “en casa”.
Don Daniel, nuestro asesor, tan profundo y vivencial como siempre, nos introdujo en el sentido del Adviento, un adviento marcado por la Presencia en nuestra vida de ese Dios que desde el misterio de la Encarnación hasta el de la Eucaristía es un Dios presente, que está y camina a nuestro lado, un Dios que acompaña con su amor cada instante de mi vida.

Por eso, creer en el Dios de Jesucristo en este Adviento y siempre:
  • Me exige tomarme en serio a mí mismo, porque soy hijo de Dios.
  • Implica tomarme en serio este mundo, porque en él nos está salvando Dios.
  • Me obliga a optar por los pobres, porque son los predilectos de Dios.
  • Me exige buscar la Verdad, porque nada como la mentira me aleja de Él.
  • Me lleva a comprometerme en favor de la paz y la justicia, porque en ellas se construye el Reino de Dios.
  • Y me exige vivir desde el Amor, porque sólo en el amor podemos conocer a Dios.

Y no olvidemos nunca que Dios mismo se toma muy en serio todo lo anterior, ¡para que nunca muera en nosotros la esperanza!

¡Feliz Adviento a todos!

domingo, 22 de noviembre de 2015

La cruz, signo paradójico de realeza

En este último domingo del año litúrgico, os dejamos unas palabras que pronunció, Benedicto XVI, el domingo 22 de noviembre de 2009. Ojalá nos ayuden a vivir esta última semana del año litúrgico y nos sirvan de preparación para el Adviento.



Celebramos hoy "la solemnidad de Jesucristo, Rey del universo, una fiesta de institución relativamente reciente, pero que tiene profundas raíces bíblicas y teológicas. El título de "rey", referido a Jesús, es muy importante en los Evangelios y permite dar una lectura completa de su figura y de su misión de salvación. Se puede observar una progresión al respecto: se parte de la expresión "rey de Israel" y se llega a la de rey universal, Señor del cosmos y de la historia; por lo tanto, mucho más allá de las expectativas del pueblo judío. En el centro de este itinerario de revelación de la realeza de Jesucristo está, una vez más, el misterio de su muerte y resurrección. 

Cuando crucificaron a Jesús, los sacerdotes, los escribas y los ancianos se burlaban de él diciendo: "Es el rey de Israel: que baje ahora de la cruz y creeremos en él" (Mt 27, 42). En realidad, precisamente porque era el Hijo de Dios, Jesús se entregó libremente a su pasión, y la cruz es el signo paradójico de su realeza, que consiste en la voluntad de amor de Dios Padre por encima de la desobediencia del pecado. Precisamente ofreciéndose a sí mismo en el sacrificio de expiación Jesús se convierte en el Rey del universo, como declarará él mismo al aparecerse a los Apóstoles después de la resurrección: "Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra." (Mt 28, 18). 

Pero, ¿en qué consiste el "poder" de Jesucristo Rey? No es el poder de los reyes y de los grandes de este mundo; es el poder divino de dar la vida eterna, de librar del mal, de vencer el dominio de la muerte. Es el poder del Amor, que sabe sacar el bien del mal, ablandar un corazón endurecido, llevar la paz al conflicto más violento, encender la esperanza en la oscuridad más densa. Este Reino de la gracia nunca se impone y siempre respeta nuestra libertad. Cristo vino "para dar testimonio de la verdad" (Jn 18, 37) —como declaró ante Pilato—: quien acoge su testimonio se pone bajo su "bandera", según la imagen que gustaba a san Ignacio de Loyola. Por lo tanto, es necesario —esto sí— que cada conciencia elija: ¿a quién quiero seguir? ¿A Dios o al maligno? ¿La verdad o la mentira? Elegir a Cristo no garantiza el éxito según los criterios del mundo, pero asegura la paz y la alegría que sólo él puede dar. Lo demuestra, en todas las épocas, la experiencia de muchos hombres y mujeres que, en nombre de Cristo, en nombre de la verdad y de la justicia, han sabido oponerse a los halagos de los poderes terrenos con sus diversas máscaras, hasta sellar su fidelidad con el martirio. 


Queridos hermanos y hermanas, cuando el ángel Gabriel llevó el anuncio a María, le predijo que su Hijo heredaría el trono de David y reinaría para siempre (cf. Lc 1, 32-33). Y la Virgen santísima creyó antes de darlo al mundo. Sin duda se preguntó qué nuevo tipo de realeza sería la de Jesús, y lo comprendió escuchando sus palabras y sobre todo participando íntimamente en el misterio de su muerte en la cruz y de su resurrección. Pidamos a María que nos ayude también a nosotros a seguir a Jesús, nuestro Rey, como hizo ella, y a dar testimonio de él con toda nuestra existencia".


lunes, 16 de noviembre de 2015

¡Atrevámonos un poco más a "primerear"!

"En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, 
dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos" (Mc 6,7)




Acogiendo la invitación del Señor a "ser una Iglesia que sale a buscar al hombre y mujer de hoy, en su realidad concreta", nos unimos en oración la tarde del viernes para prepararnos para acoger, con ilusión y cariño, el nuevo Plan Diocesano de Pastoral.








Sabiéndonos enviados a la misión, como Iglesia que sale a ofrecer el amor de Dios, porque ha experimentado que "el Señor la ha primereado en el amor", ¡atrevámonos un poco más a primerear!; involucrémonos y tomemos iniciativas sin miedo, desde la comunión para la misión que nos regala a través del Plan Diocesano de Pastoral.








Os dejamos algunas fotos








sábado, 14 de noviembre de 2015

Los profetas permiten ver el futuro con esperanza.


1. Muchas personas, reflexionando sobre la situación de nuestro mundo, se sienten consternadas y, a veces, incluso angustiadas. Las perturba constatar conductas individuales o de grupo que muestran una desconcertante ausencia de valores. Nuestro pensamiento va, naturalmente, a ciertos sucesos, algunos recientes, que, a quien los observa con atención, le producen un escalofriante sentido de vacío.
¿Cómo no interrogarse sobre las causas, y cómo no sentir la necesidad de alguien que nos ayude a descifrar el misterio de la vida, permitiéndonos mirar con esperanza al futuro?
En la Biblia, los hombres que tienen esta misión se llaman profetas. Son hombres que no hablan en nombre propio, sino en nombre de Dios, movidos por su Espíritu.

También Jesús fue un profeta ante los ojos de sus contemporáneos que, impresionados, reconocieron en él «un profeta poderoso en obras y palabras» (Lc 24, 19). Con su vida, y sobre todo con su muerte y resurrección, se acreditó como el profeta por excelencia, pues es el Hijo mismo de Dios. Es lo que afirma la carta a los Hebreos: «Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo» (Hb 1, 1-2).

2. El misterio del profeta de Nazaret no deja de interpelarnos. Su mensaje, recogido en los evangelios, permanece siempre actual a lo largo de los siglos y los milenios. Él mismo dijo: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (Mc 13, 31). En Jesús, su Hijo encarnado, Dios ha dicho la palabra definitiva sobre el hombre y sobre la historia, y la Iglesia vuelve a proponerla siempre con nueva confianza, sabiendo que es la única palabra capaz de dar sentido pleno a la vida del hombre.

Muchas veces la profecía de Jesús puede resultar molesta, pero es siempre saludable. Cristo es signo de contradicción (cf. Lc 2, 34), precisamente porque llega al fondo del alma, obliga a quien lo escucha a replantearse su vida y le pide la conversión del corazón.

Que la Virgen santísima nos ayude a abrirnos dócilmente a la escucha de la palabra de Jesús y a ser sus heraldos y testigos valientes y entusiastas.

(San Juan Pablo II)

sábado, 7 de noviembre de 2015

Confianza total en Dios

La Liturgia de la Palabra de este domingo nos ofrece como modelos de fe las figuras de dos viudas. Nos las presenta en paralelo: una en el Primer Libro de los Reyes (17, 10-16), la otra en el Evangelio de San Marcos (12, 41-44). Ambas mujeres son muy pobres, y precisamente en tal condición demuestran una gran fe en Dios. La primera aparece en el ciclo de los relatos sobre el profeta Elías, quien, durante un tiempo de carestía, recibe del Señor la orden de ir a la zona de Sidón, por lo tanto fuera de Israel, en territorio pagano. Allí encuentra a esta viuda y le pide agua para beber y un poco de pan. La mujer objeta que sólo le queda un puñado de harina y unas gotas de aceite, pero, puesto que el profeta insiste y le promete que, si le escucha, no faltarán harina y aceite, accede y se ve recompensada. A la segunda viuda, la del Evangelio, la distingue Jesús en el templo de Jerusalén, precisamente junto al tesoro, donde la gente depositaba las ofrendas. Jesús ve que esta mujer pone dos moneditas en el tesoro; entonces llama a los discípulos y explica que su óbolo es más grande que el de los ricos, porque, mientras que estos dan de lo que les sobra, la viuda dio «todo lo que tenía para vivir» (Mc 12, 44).

De estos dos episodios bíblicos, sabiamente situados en paralelo, se puede sacar una preciosa enseñanza sobre la fe, que se presenta como la actitud interior de quien construye la propia vida en Dios, sobre su Palabra, y confía totalmente en Él. La condición de viuda, en la antigüedad, constituía de por sí una condición de grave necesidad. Por ello, en la Biblia, las viudas y los huérfanos son personas que Dios cuida de forma especial: han perdido el apoyo terreno, pero Dios sigue siendo su Esposo, su Padre. Sin embargo, la Escritura dice que la condición objetiva de necesidad, en este caso el hecho de ser viuda, no es suficiente: Dios pide siempre nuestra libre adhesión de fe, que se expresa en el amor a Él y al prójimo. Nadie es tan pobre que no pueda dar algo. Y, en efecto, nuestras viudas de hoy demuestran su fe realizando un gesto de caridad: una hacia el profeta y la otra dando una limosna. De este modo demuestran la unidad inseparable entre fe y caridad, así como entre el amor a Dios y el amor al prójimo —como nos recordaba el Evangelio el domingo pasado—. El Papa san León Magno, cuya memoria celebramos ayer, afirma: «Sobre la balanza de la justicia divina no se pesa la cantidad de los dones, sino el peso de los corazones. La viuda del Evangelio depositó en el tesoro del templo dos monedas de poco valor y superó los dones de todos los ricos. Ningún gesto de bondad carece de sentido delante de Dios, ninguna misericordia permanece sin fruto» (Sermo de jejunio dec. mens., 90, 3).


La Virgen María es ejemplo perfecto de quien se entrega totalmente confiando en Dios. Con esta fe ella dijo su «Heme aquí» al Ángel y acogió la voluntad del Señor. Que María nos ayude también a cada uno de nosotros a reforzar la confianza en Dios y en su Palabra.

(Benedicto XVI)

viernes, 6 de noviembre de 2015

Punto de ENcuenTRO: Una Iglesia diocesana en salida misionera


Este mes oramos para que el Señor nos haga capaces de acoger este proyecto con ilusión y cariño, como una llamada que se nos hace desde dentro a vivir la ALEGRÍA DEL EVANGELIO.

¡Te esperamos!

viernes, 30 de octubre de 2015

El secreto de los santos

¡Cuánto consuela y anima saber que los santos y aun los más señalados por las grandes obras que han realizado, han tenido que sostener las mismas luchas que nosotros y han sentido también las mismas debilidades y desánimos. Mas el Señor, a pesar de estas flaquezas y contando con ellas, los ha escogido para ser instrumento de su Corazón; después de todo, ¿no se sirve Él, para la mayor de sus obras, la Eucaristía, de una pequeña hostia expuesta por su fragilidad a tantos y tantos peligros...?


El secreto de los santos está en esto sólo: en desconfiar totalmente de sí y en confiar mucho y únicamente en Dios.

(Beato Manuel González)


viernes, 23 de octubre de 2015

La respuesta de la esperanza vacilante

Jesús, desde el primer clamor oye al ciego del camino de Jericó a pesar del bullicio y de la algazara de la muchedumbre que lo rodeaba; Jesús sabe que la hemorroísa piensa y busca tocar la orla de su vestido para curarse; Jesús está dispuesto, desde la primera petición, a curar a la hija de la cananea, a pesar de la dureza con que parece le responde y la despide; Jesús en el Sagrario oye, ve, responde a pesar de su silencio.

Y pregunto: ¿Se hubiera curado el ciego si no hubiese repetido y aumentado su clamor, y la hemorroísa si no se hubiera atrevido a meterse entre las opresiones de la turba para llegar a Jesús, y la hija de la cananea si ésta no hubiese insistido hasta la pesadez en pedir, suplicar y esperar? ¿Les hubiese valido decir ¡como no nos oye, no nos ve!?

Creo que no. Creo que la fe de estos pobres, si no hubiese llegado en la petición de su remedio hasta ese grado de perseverancia y de confianza, se hubiera quedado sin el milagro de la curación.

¡Cuántas veces nuestra fe en Jesús Sacramentado saca poco o nada porque el no verlo y no oírlo nos induce a hablarle y a pedirle tan fríamente, tan desconfiadamente como si no nos oyera!

Si le habláramos con gritos de sollozos y gemidos, con valentía en vencer las rebeldías de nuestros sentidos y pasiones y con insistencia que no se cansara nunca ¡cómo lo sentiríamos responder a pesar de su silencio!


Madre Inmaculada, que ante el silencio de tu Jesús a mis súplicas yo ore, espere e insista, sin cansarme y así repare la pena que le causa que no esperemos en Él hasta el fin.

(Beato Manuel González)

domingo, 18 de octubre de 2015

Oración por los misioneros

La noche del viernes nos sirvió de telón de fondo para  unirnos a todos los misioneros, a todos aquellos hombres y mujeres que entregan su vida para llevar el anuncio de la misericordia del Señor a quienes no lo han conocido y experimentado.

Nos acompañó, Juan Carlos Díez, Misionero Javeriano, 
que compartió su experiencia de seguimiento de Jesús en el Chad. 





Jesús - Eucaristía nos reunió un día más para recordarnos que no nos quiere "señores", nos quiere dispuestos a servir como hizo Él. 

Que María, Reina de las misiones, interceda por todos los misioneros.




martes, 13 de octubre de 2015

Un Punto de ENcuenTRO misionero


Este viernes oramos por todos los misioneros 
que se ponen incondicionalmente al servicio del Pueblo de Dios, 
para que su fe se fortalezca y sigan anunciando con alegría 
el mensaje del Evangelio, 
y sean en nuestro mundo 
misioneros de la misericordia

jueves, 8 de octubre de 2015

¡Comenzamos!



... Sucede que en el fondo del alma Dios nos llama, pero no siempre lo oímos... ¡Qué lástima! Él quiere hablarnos de nosotros mismos, quiere hablarnos de los sentimientos que encierra en su Corazón...

Hay quien lo escucha a menudo. Hay quien rara vez lo escucha. Y quien lo escucha sólo una vez...

Por eso es conveniente ya tarde, en la noche, cuando todo está en silencio, ponerse a la escucha del Dios del alma que habita en el Sagrario y que está esperándote...


Punto de ENcuenTRO es... Oración. Silencio. Canción. Estar. Callar. Hablar. Rezar...

Es un pretexto de Jesús para encontrarse contigo... ¡Deja que te encuentre!

martes, 1 de septiembre de 2015

Jornada Mundial de Oración por el cuidado de la Creación

El Papa Francisco nos invita en este día:
1. Renovar nuestra vocación de custodios de la Creación.
2. Elevar a Dios una acción de gracias por la obra que Él nos ha confiado cuidar.
3. Pedir su ayuda para protegerla y su misericordia por los pecados cometidos contra el mundo.
Oración por nuestra tierra
Dios omnipotente,
que estás presente en todo el universo y en la más pequeña de tus criaturas,
Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe, 
derrama en nosotros la fuerza de tu amor
para que cuidemos la vida y la belleza. 
Inúndanos de paz,
para que vivamos como hermanos y hermanas sin dañar a nadie.
Dios de los pobres, ayúdanos a rescatar
a los abandonados y olvidados de esta tierra que tanto valen a tus ojos.
Sana nuestras vidas,
para que seamos protectores del mundo y no depredadores,
para que sembremos hermosura
y no contaminación y destrucción. 
Toca los corazones de los que buscan sólo beneficios
a costa de los pobres y de la tierra. 
Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa, a contemplar admirados,
a reconocer que estamos profundamente unidos con todas las criaturas
en nuestro camino hacia tu luz infinita.
Gracias porque estás con nosotros todos los días. 
Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha
por la justicia, el amor y la paz.

Oración cristiana con la creación
Te alabamos, Padre, con todas tus criaturas, que salieron de tu mano poderosa.
Son tuyas, y están llenas de tu presencia y de tu ternura. Alabado seas.
Hijo de Dios, Jesús,
por ti fueron creadas todas las cosas.
Te formaste en el seno materno de María, te hiciste parte de esta tierra,
y miraste este mundo con ojos humanos.
Hoy estás vivo en cada criatura
con tu gloria de resucitado. Alabado seas.
Espíritu Santo, que con tu luz orientas este mundo hacia el amor del Padre 
y acompañas el gemido de la creación,
tú vives también en nuestros corazones para impulsarnos al bien.
Alabado seas.
Señor Uno y Trino,
comunidad preciosa de amor infinito,
enséñanos a contemplarte en la belleza del universo, 
donde todo nos habla de ti.
Despierta nuestra alabanza y nuestra gratitud por cada ser que has creado.
Danos la gracia de sentirnos íntimamente unidos con todo lo que existe.
Dios de amor,
muéstranos nuestro lugar en este mundo como instrumentos de tu cariño
por todos los seres de esta tierra,
porque ninguno de ellos está olvidado ante ti. Ilumina a los dueños del poder y del dinero
para que se guarden del pecado de la indiferencia, amen el bien común, promuevan a los débiles,
y cuiden este mundo que habitamos. Los pobres y la tierra están clamando:
Señor, tómanos a nosotros con tu poder y tu luz, para proteger toda vida,
para preparar un futuro mejor, para que venga tu Reino
de justicia, de paz, de amor y de hermosura. Alabado seas.
Amén.

jueves, 2 de julio de 2015

El "levántate", ¿qué ha conseguido de mí?

¡Levántate!

¡Con qué relieve aparece ante mis ojos ésa que después de todo es una verdad de sentido común!: que para andar aunque sea un solo paso es menester levantarse. ¡Cómo despierta en mi alma ese levántate del Maestro tempestades de recuerdos y de remordimientos...!

El «levántate» que hacía andar a los paralíticos, desper­taba a los dormidos y echaba fuera de sus tumbas a los muertos, ¿qué ha conseguido de mí? Porque es cierto que a mi oído ha llegado más de una vez en los buenos ratos que siguen a una fervorosa Comunión o acompañan a una visita al Sagra­rio, el «levántate» de aquellos milagros y también es cierto que después he seguido cojeando con una vida de frecuentes caídas y recaídas, o me he vuelto a dormir en el sueño de la tibieza o ¡qué pena! me he vuelto a morir y me han llevado otra vez a la tumba...

¡Qué diferencia, tan deshonrosa para nosotros, entre los curados del Evangelio y los curados del Sagrario! Allí, al «levántate» de tu misericordia y de tu poder dicho una sola vez, respondían los hombres con el salto de su curación radical y de su vida nueva; aquí, al «levántate» de tu amor paciente repetido tantas veces cuantas horas tiene el día y cuantos hijos tienes en cada Sagrario, respondemos unas veces con el bostezo del perezoso, otras con el encogimiento de hombros del indiferente, cuando no con nuevas ofensas e ingratitudes.


Y, sin embargo, sin levantarnos, nada podemos hacer ni en la obra de Dios, que es su gloria, ni en la obra del prójimo y nuestra, que es la santificación.

Vosotros que andáis empeñados en la gran obra de la compañía del Sagrario abandonado, ¿habéis empezado por levantaros?

(Beato Manuel González)

martes, 30 de junio de 2015

Oración del miedo




¡Cómo te presentas muchas veces delante de las playas del Sagrario!
¡Cuántas y cuántas veces tiene Jesús que permitir que se desencadenen tempestades de enfermedades del cuerpo, de quebrantos de intereses, de penas del corazón, de tentaciones del alma, y se hace el dormido para probar lo que creen en Él y lo que de Él se fían sus comulgantes! Y ¡cuántas veces la prisa, la agitación, la inquietud, la amargura, la desconfianza con que acudimos a pedirle auxilio, tiene que poner en su boca y en su gesto el mismo reproche que a sus apóstoles miedosos y desconfiados!: ¿De qué teméis, hombres de poca fe? ¿No os basta tenerme en el Sagrario y llevarme con vosotros cada vez que comulgáis? Y si me tenéis a Mí, ¿qué os puede faltar? ¿Por qué os agitáis en miedos que me ofenden?

Madre Inmaculada, tú, que siempre contaste con tu Jesús, enséñanos a contar tanto con Él, invisible y callado en el Sagrario, que por muy recias que sean las tempestades de nuestra alma y de nuestra vida, nunca lo busquemos por miedo, ni temblando...

(Beato Manuel González)

martes, 23 de junio de 2015

Desde Ti a la misión

El viernes 19 tuvimos nuestro último Punto de ENcuenTRO de este curso. Nos acompañó el Grupo Ixcís, que estaba en la isla para participar en las II Jornadas de Nueva Evangelización que han tenido lugar en nuestra diócesis este fin de semana.


Bajo el lema "Desde Ti a la misión", nos sentimos invitados a salir de nuestras comodidades, ser signos de Evangelio y hermanos de todos, en sencillez y humildad. 

Ante Jesús Eucaristía nos preguntamos cómo estamos viviendo nuestra misión de contagiar el Evangelio a nuestros hermanos y pusimos ante Él rostros y situaciones que necesitan que les acerquemos la luz de Dios.


Gracias Grupo Ixcís por vuestra presencia y vuestra música que nos ayudó a orar y a renovar nuestro deseo de seguir al Señor con renovada ilusión y entusiasmo, a vivir nuestra fe en cada gozo y en cada dolor.




Gracias a todos los que participasteis una vez más 
en este momento de oración que nos reúne cada mes.

¡Os esperamos el próximo curso!

Podéis encontrar aquí toda la música de Ixcís de forma gratuita: http://ixcis.org/




jueves, 18 de junio de 2015

El amor libre de Dios



La caridad de Dios, único objeto de la contemplación cristiana, es una realidad de la cual uno no se puede «apropiar» con ningún método o técnica: es más, debemos tener siempre la mirada fija en Jesucristo, en quien la caridad divina ha llegado por nosotros a tal punto sobre la cruz, que también Él ha asumido para sí la condición de abandonado por el Padre (cf. Mc 15, 34). Debemos, pues, dejar decidir a Dios la manera con que quiere hacernos partícipes de su amor. Pero no debemos intentar jamás, en modo alguno, ponernos al mismo nivel del objeto contemplado, el amor libre de Dios, ni siquiera cuando, por la misericordia de Dios Padre, mediante el Espíritu Santo enviado a nuestros corazones, se nos da gratuitamente en Cristo un reflejo sensible de este amor divino y nos sentimos como atraídos por la verdad, la bondad y la belleza del Señor.
Cuanto más se le concede a una criatura acercarse a Dios, tanto más crece en ella la reverencia delante del Dios tres veces Santo. Se comprende entonces la palabra de san Agustín: «Tú puedes llamarme amigo, yo me reconozco siervo»[36], o bien la palabra, para nosotros aún más familiar, pronunciada por aquella a quien Dios ha gratificado con la mayor y más alta familiaridad: «Ha puesto los ojos en la pequeñez de su esclava» (Lc 1, 48).


lunes, 15 de junio de 2015

Misterio de amor que espera


Corazón de mi Jesús, que yo me de cuenta de que uno de los principales modos de mostrar tu amor a los hombres y tus ganas de santificarlos, es esperarlos en el sagrario, que yo me entere bien de ese misterio de amor que espera ¡hasta siglos! Mis prisas ¡cómo no se parecen a ese tu esperar en paz!


(Beato Manuel González)

viernes, 12 de junio de 2015

Entrar en su Corazón

¡Entrar en su Corazón, es decir, introducirse en ese divino Laborato­rio en que se han forjado la Eucaristía y la Iglesia. Sumergirse en el Manantial del que brotan las lágrimas resucitadoras que abren losas de sepulcros y ablandan corazones de piedra y los raudales de sangre que lavan pecados, redimen los mundos y divinizan a los hombres. Asomarse al Horno, y más, al Volcán de donde ha salido y sale el fuego de amor que ha impedido e impedirá que el mundo se muera de frío y de egoísmo. Y que ha conseguido y seguirá consiguiendo que los hombres amen a su Dios como a su Padre y se amen unos a otros como hermanos, y hasta den la vida por su Padre Dios y por sus hermanos los hombres; que los enemigos se perdonen y se abracen y que los huérfanos tengan padres y valedores... Entrar en su Corazón, esto es, aproxi­marse al místico Incensario del que se levantan blancas e inmensas espirales de alabanzas y desagravios, que satisfacen a Dios; aromas de piedad, humildad, pureza y paciencia que hacen santos a los hombres!


¡Todo eso e infinitamente más que eso, 

es el Corazón de Jesús!

(Beato Manuel González)

jueves, 11 de junio de 2015

Mes del Corazón de Jesús (9)

«El Señor se ha unido a vosotros y os ha elegido» (cf. Dt 7, 7).

Dios se ha unido a nosotros, nos ha elegido, este vínculo es para siempre, no tanto porque nosotros somos fieles, sino porque el Señor es fiel y soporta nuestras infidelidades, nuestra lentitud, nuestras caídas.

Dios no tiene miedo de vincularse. Esto nos puede parecer extraño: a veces llamamos a Dios «el Absoluto», que significa literalmente «libre, independiente, ilimitado»; pero, en realidad, nuestro Padre es «absoluto» siempre y solamente en el amor: por amor sella una alianza con Abraham, con Isaac, con Jacob, etc. Quiere los vínculos, crea vínculos; vínculos que liberan, que no obligan.

Con el Salmo hemos repetido: «El amor del Señor es para siempre» (cf. Sal 103). En cambio, de nosotros, hombres y mujeres, otro salmo afirma: «Desaparece la lealtad entre los hombres» (Sal 12, 2). Hoy, en particular, la fidelidad es un valor en crisis porque nos inducen a buscar siempre el cambio, una supuesta novedad, negociando las raíces de nuestra existencia, de nuestra fe. Pero sin fidelidad a sus raíces, una sociedad no va adelante: puede hacer grandes progresos técnicos, pero no un progreso integral, de todo el hombre y de todos los hombres.

El amor fiel de Dios a su pueblo se manifestó y se realizó plenamente en Jesucristo, el cual, para honrar el vínculo de Dios con su pueblo, se hizo nuestro esclavo, se despojó de su gloria y asumió la forma de siervo. En su amor, no se rindió ante nuestra ingratitud y ni siquiera ante el rechazo. Nos lo recuerda san Pablo: «Si somos infieles, Él —Jesús— permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo» (2 Tm 2, 13). Jesús permanece fiel, no traiciona jamás: aun cuando nos equivocamos, Él nos espera siempre para perdonarnos: es el rostro del Padre misericordioso.

(Francisco)

miércoles, 10 de junio de 2015

Mes del Corazón de Jesús (8)


Jesús nos amó. Jesús nos ama. Pero sin límites, siempre, hasta el final. El amor de Jesús por nosotros no tiene límites. Siempre más, siempre más. No se cansa de amar. A ninguno. Nos ama a todos nosotros. Hasta el punto de dar la vida por nosotros. Sí, dar la vida por nosotros, dar la vida por todos nosotros, dar la vida por cada uno de nosotros. Y cada uno de nosotros puede decir ‘da la vida por mí, cada uno. Ha dado la vida por tí, por tí, por tí, por vosotros, por mí… Por cada uno, con nombre y apellido. Su amor es así, personal. El amor de Jesús no decepciona nunca porque Él no se cansa de amar como no se cansa de perdonar, no se cansa de abrazarnos. 


(Francisco)

martes, 9 de junio de 2015

Mes del Corazón de Jesús (7)

La «ciencia de la caricia» manifiesta dos pilares del amor: la cercanía y la ternura. Y «Jesús conoce bien esta ciencia». 

Jesús «quiso mostrarnos su corazón como el corazón que tanto amó. Pienso en lo que nos decía san Ignacio» —apuntó—; «nos indicó dos criterios sobre el amor. Primero: el amor se manifiesta más en las obras que en las palabras. Segundo: el amor está más en dar que en recibir».

El amor de Dios se muestra en la figura del pastor... Jesús nos dice: «Yo conozco a mis ovejas». «Es conocer una por una, con su nombre. Así nos conoce Dios: no nos conoce en grupo, sino uno a uno. Porque el amor no es un amor abstracto, o general para todos; es un amor por cada uno. Y así nos ama Dios». Y todo esto se traduce en cercanía. Dios «se hace cercano por amor y camina con su pueblo. Y este caminar llega a un punto inimaginable: jamás se podría pensar que el Señor mismo se hace uno de nosotros y camina con nosotros, y permanece con nosotros, permanece en su Iglesia, se queda en la Eucaristía, se queda en su Palabra, se queda en los pobres y se queda con nosotros caminando. Esta es la cercanía. El pastor cercano a su rebaño, a sus ovejas, a las que conoce una por una».

El Señor nos ama con ternura. El Señor sabe la bella ciencia de las caricias. La ternura de Dios: no nos ama de palabra; Él se aproxima y estándonos cerca nos da su amor con toda la ternura posible». Cercanía y ternura son «las dos maneras del amor del Señor, que se hace cercano y da todo su amor también en las cosas más pequeñas con ternura». Sin embargo se trata de un «amor fuerte», «porque cercanía y ternura nos hacen ver la fuerza del amor de Dios».

Y aunque «pueda parecer una herejía, ¡más difícil que amar a Dios es dejarse amar por Él!». El «modo de restituir a Él tanto amor: abrir el corazón y dejarse amar».

(Francisco)