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sábado, 2 de abril de 2016

¡Solamente creyendo en él!

Jesús callado en el Sagrario, me enseña con su sola presencia todo lo que debo creer, me da fuerza, comiéndolo, para que crea y para que viva de mi fe y además, por verlo con los ojos cerrados de mi cara y oírlo con los oídos de carne cerrados está dando a mi fe un valor y un mérito siempre crecientes.

El mérito de la fe de los que trataron a Jesús mortal estuvo en que, viendo sólo su humanidad, creyeron en su divinidad; el mérito de la fe de los que lo tratamos oculto y callado en el Sagrario es superior; por el solo estímulo de su gracia y por la sola autoridad de la Iglesia, sin ver nada lo creemos todo, sin oír nada lo obedecemos siempre, sin verlo ni oírlo ni gustarlo le rendimos cuanto somos.



Madre Inmaculada, que yo siga,
obedezca y ame a tu Jesús sin sentirlo,
sin verlo, sin oírlo y sin gustarlo...
¡solamente creyendo en Él!
(Beato Manuel González)

jueves, 31 de marzo de 2016

Actividades mes de Abril

Viernes, 1 

Visita eucarística a la Parroquia de La Concepción en La Orotava

Viernes, 15

Punto de ENcuenTRO

Espacio de oración con Jesús Eucaristía para jóvenes
Capilla de San Jorge
Pza de los Patos, s/n
20:15h

Miércoles, 20

Retiro para laicos


Casa de Espiritualidad "Nuestra Señora de Candelaria"
C/ Santiago Beyro, 15,
38007 Santa Cruz de Tenerife

Organiza: Unión Eucarística Reparadora
Dirige: Don Daniel Padilla


Teléfono de Contacto: 922 28 35 77

domingo, 27 de marzo de 2016

¡Corred a anunciar a Jesús vivo!


Id a prisa a decir que Jesús no está muerto, como se creía, sino vivo.

Predicad a Jesucristo vivo en la Eucaristía llevándolo vivo en vuestra alma por la gracia,
en vuestro corazón por la humildad, en vuestras obras por la caridad,
en vuestra mirada, en vuestra palabra...



  Sí, comulgantes, llevadlo vivo y veréis qué pronto creen.

(Beato Manuel González)


¡Feliz Pascua de Resurrección!


sábado, 19 de marzo de 2016

El único camino


Han pasado ya cinco semanas desde el Miércoles de Ceniza, casi cuarenta días desde que sobre nuestra frente se trazó una cruz y se pronunciaron unas palabras que nos invitaban, un año más, a la conversión.

Nos presentamos ante ti con la vida entre las manos. Si aún nos queda alguna careta, nos la quitamos y nos descubrimos ante tu presencia.

Acoge nuestro pequeño corazón que anhela tu misericordia y transfórmalo para hacer posible que, junto a Ti, brote un renuevo de vida.

Que tu Espíritu Santo nos muestre el valor del sacrificio, el sentido profundo de la pasión y el significado de la cruz que en unos días contemplaremos.



¿Por qué ante Ti nadie queda indiferente?


A menudo vemos lo que haces por nosotros, pero ¿volvernos a Ti, convertirnos a Ti, arrojarnos en tus brazos?



Frente a la tentación de la mediocridad, me recuerdas la Palabra : "Sois dioses". Eso es bendición y reto: Que quien me vea te intuya. Ayúdame, desde mi manera de proceder sincera, llena de amor, a mostrar a este mundo herido, el rostro amoroso de tu Padre.


sábado, 12 de marzo de 2016

¡Si fueran a Él los pecadores!


¿Y si los pecadores, si nosotros los pecadores, cuando el remordimiento nos carcome y la vergüenza de nuestras indignidades enrojece nuestras caras, cuando el demonio de la desesperación nos empuja a quitar remordimientos con el falso placer de pecados nuevos y nos cierra los ojos y el corazón para que no vean ni sientan la mirada siempre compasiva de Jesús, nos pusiéramos a orar ante Jesús del Sagrario y decirle la palabra de confianza: Padre; y la de confesión: pequé contra el cielo y contra Ti; y la de asco de sí: no soy digno de ser llamado hijo tuyo (Lc 15, 22), y la petición humilde de: recíbeme siquiera como a uno de tus criados, como el pródigo del Evangelio; y fuéramos a llorarle como la Magdalena y san Pedro, y con los ojos entornados por la confusión, y la boca abierta por la confianza, le repitiéramos el "ten piedad de mí, que soy un pecador" (Lc 18, 13) del humilde publicano...

¡Cómo sentiríamos la opresión de sus brazos sobre nuestros hombros y cuello, y el beso del perdón sobre nuestra frente y el "vete en paz, hijo, que tus pecados están perdonados" (Mt 9, 2) o el "Yo tampoco te condeno " (Jn 8, 11)

(Beato Manuel González)

jueves, 11 de febrero de 2016

Actividades Mes de Febrero


Miércoles, 24

Retiro para laicos


Casa de Espiritualidad "Nuestra Señora de Candelaria"
C/ Santiago Beyro, 15,
38007 Santa Cruz de Tenerife

Organiza: Unión Eucarística Reparadora
Dirige: Don Daniel Padilla


Teléfono de Contacto: 922 28 35 77

Viernes, 19

Punto de ENcuenTRO
Espacio de oración con Jesús Eucaristía para jóvenes
Capilla de San Jorge
Pza de los Patos, s/n
20:15h

Viernes, 26 

Visita eucarística a la Parroquia de San Pedro en Güímar

viernes, 5 de febrero de 2016

Contando contigo

"Señor, en tu nombre echaré la red".



¡Qué bien se armonizan en esta petición las dos condiciones para obtener el pan: el trabajo propio y la confianza en Dios!

Había trabajado toda una noche solo, es decir, contando con sus solas fuerzas y, a pesar de los esfuerzos y trajines de toda una noche de remar y echar las redes en todas las direcciones, ¡nada hemos cogido! 

Pero ahora, ante la vista de Jesús y obedeciendo sus mandatos, va a cambiar de procedimiento; ya no va a trabajar solo, sino en compañía de su Jesús, en tu nombre, contando contigo echaré la red. ¿El fruto? ¡Una pesca prodigiosa!

(Beato Manuel González)

miércoles, 9 de diciembre de 2015

María, luz de la misericordia de Dios






En la noche del lunes 7 de diciembre nos reunimos en torno a María, la Madre de la Misericordia, y le pedimos, con amor de hijos, que "la dulzura de su mirada nos acompañe en este Año Santo, para que podamos redescubrir la alegría de la ternura de Dios".



 Junto a un cántaro vacío le presentamos nuestro deseo de vaciarnos de nosotros mismos y de todo aquello que nos impide acoger la Palabra y la voluntad de Dios en nuestras vidas.



 María, nos invita siempre a caminar sin miedo, iluminados por la luz de Cristo, 
para hacer posible que la alegría del Evangelio llegue hasta los confines de la tierra 
y ninguna periferia se prive de su luz.

Que María nos enseñe a decir sí a Dios cada día de nuestra vida, 
sin que nada ni nadie nos aparte de su amor.

sábado, 7 de noviembre de 2015

Confianza total en Dios

La Liturgia de la Palabra de este domingo nos ofrece como modelos de fe las figuras de dos viudas. Nos las presenta en paralelo: una en el Primer Libro de los Reyes (17, 10-16), la otra en el Evangelio de San Marcos (12, 41-44). Ambas mujeres son muy pobres, y precisamente en tal condición demuestran una gran fe en Dios. La primera aparece en el ciclo de los relatos sobre el profeta Elías, quien, durante un tiempo de carestía, recibe del Señor la orden de ir a la zona de Sidón, por lo tanto fuera de Israel, en territorio pagano. Allí encuentra a esta viuda y le pide agua para beber y un poco de pan. La mujer objeta que sólo le queda un puñado de harina y unas gotas de aceite, pero, puesto que el profeta insiste y le promete que, si le escucha, no faltarán harina y aceite, accede y se ve recompensada. A la segunda viuda, la del Evangelio, la distingue Jesús en el templo de Jerusalén, precisamente junto al tesoro, donde la gente depositaba las ofrendas. Jesús ve que esta mujer pone dos moneditas en el tesoro; entonces llama a los discípulos y explica que su óbolo es más grande que el de los ricos, porque, mientras que estos dan de lo que les sobra, la viuda dio «todo lo que tenía para vivir» (Mc 12, 44).

De estos dos episodios bíblicos, sabiamente situados en paralelo, se puede sacar una preciosa enseñanza sobre la fe, que se presenta como la actitud interior de quien construye la propia vida en Dios, sobre su Palabra, y confía totalmente en Él. La condición de viuda, en la antigüedad, constituía de por sí una condición de grave necesidad. Por ello, en la Biblia, las viudas y los huérfanos son personas que Dios cuida de forma especial: han perdido el apoyo terreno, pero Dios sigue siendo su Esposo, su Padre. Sin embargo, la Escritura dice que la condición objetiva de necesidad, en este caso el hecho de ser viuda, no es suficiente: Dios pide siempre nuestra libre adhesión de fe, que se expresa en el amor a Él y al prójimo. Nadie es tan pobre que no pueda dar algo. Y, en efecto, nuestras viudas de hoy demuestran su fe realizando un gesto de caridad: una hacia el profeta y la otra dando una limosna. De este modo demuestran la unidad inseparable entre fe y caridad, así como entre el amor a Dios y el amor al prójimo —como nos recordaba el Evangelio el domingo pasado—. El Papa san León Magno, cuya memoria celebramos ayer, afirma: «Sobre la balanza de la justicia divina no se pesa la cantidad de los dones, sino el peso de los corazones. La viuda del Evangelio depositó en el tesoro del templo dos monedas de poco valor y superó los dones de todos los ricos. Ningún gesto de bondad carece de sentido delante de Dios, ninguna misericordia permanece sin fruto» (Sermo de jejunio dec. mens., 90, 3).


La Virgen María es ejemplo perfecto de quien se entrega totalmente confiando en Dios. Con esta fe ella dijo su «Heme aquí» al Ángel y acogió la voluntad del Señor. Que María nos ayude también a cada uno de nosotros a reforzar la confianza en Dios y en su Palabra.

(Benedicto XVI)

viernes, 6 de noviembre de 2015

Punto de ENcuenTRO: Una Iglesia diocesana en salida misionera


Este mes oramos para que el Señor nos haga capaces de acoger este proyecto con ilusión y cariño, como una llamada que se nos hace desde dentro a vivir la ALEGRÍA DEL EVANGELIO.

¡Te esperamos!

jueves, 19 de marzo de 2015

San José, depositario del misterio de Dios

Cuando María, poco después de la anunciación, se dirigió a la casa de Zacarías para visitar a su pariente Isabel, mientras la saludaba oyó las palabras pronunciadas por Isabel «llena de Espíritu Santo» (Lc 1, 41). Además de las palabras relacionadas con el saludo del ángel en la anunciación, Isabel dijo: «¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!» (Lc 1, 45). Estas palabras han sido el pensamiento-guía de la encíclica Redemptoris Mater, con la cual he pretendido profundizar en las enseñanzas del Concilio Vaticano II que afirma: «La Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz» y «precedió» a todos los que, mediante la fe, siguen a Cristo.



Ahora, al comienzo de esta peregrinación, la fe de María se encuentra con la fe de José. Si Isabel dijo de la Madre del Redentor: «Feliz la que ha creído», en cierto sentido se puede aplicar esta bienaventuranza a José, porque él respondió afirmativamente a la Palabra de Dios, cuando le fue transmitida en aquel momento decisivo. En honor a la verdad, José no respondió al «anuncio» del ángel como María; pero hizo como le había ordenado el ángel del Señor y tomó consigo a su esposa. Lo que él hizo es genuina "obediencia de la fe" (cf. Rom 1, 5; 16, 26; 2 Cor 10, 5-6).

Se puede decir que lo que hizo José le unió en modo particularísimo a la fe de María. Aceptó como verdad proveniente de Dios lo que ella ya había aceptado en la anunciación. El Concilio dice al respecto: «Cuando Dios revela hay que prestarle "la obediencia de la fe", por la que el hombre se confía libre y totalmente a Dios, prestando a Dios revelador el homenaje del entendimiento y de la voluntad y asintiendo voluntariamente a la revelación hecha por él». La frase anteriormente citada, que concierne a la esencia misma de la fe, se refiere plenamente a José de Nazaret.

El, por tanto, se convirtió en el depositario singular del misterio «escondido desde siglos en Dios» (cf. Ef 3, 9), lo mismo que se convirtió María en aquel momento decisivo que el Apóstol llama «la plenitud de los tiempos», cuando «envió Dios a su Hijo, nacido de mujer» para «rescatar a los que se hallaban bajo la ley», «para que recibieran la filiación adoptiva» (cf. Gál 4, 4-5). «Dispuso Dios —afirma el Concilio— en su sabiduría revelarse a sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad (cf. Ef 1, 9), mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina (cf. Ef 2, 18; 2 Pe 1, 4)».

De este misterio divino José es, junto con María, el primer depositario. Con María —y también en relación con María— él participa en esta fase culminante de la autorrevelación de Dios en Cristo, y participa desde el primer instante. Teniendo a la vista el texto de ambos evangelistas Mateo y Lucas, se puede decir también que José es el primero en participar de la fe de la Madre de Dios, y que, haciéndolo así, sostiene a su esposa en la fe de la divina anunciación. El es asimismo el que ha sido puesto en primer lugar por Dios en la vía de la «peregrinación de la fe», a través de la cual, María, sobre todo en el Calvario y en Pentecostés, precedió de forma eminente y singular.

La vía propia de José, su peregrinación de la fe, se concluirá antes, es decir, antes de que María se detenga ante la Cruz en el Gólgota y antes de que Ella, una vez vuelto Cristo al Padre, se encuentre en el Cenáculo de Pentecostés el día de la manifestación de la Iglesia al mundo, nacida mediante el poder del Espíritu de verdad. Sin embargo, la vía de la fe de José sigue la misma dirección, queda totalmente determinada por el mismo misterio del que él junto con María se había convertido en el primer depositario. La encarnación y la redención constituyen una unidad orgánica e indisoluble, donde el «plan de la revelación se realiza con palabras y gestos intrínsecamente conexos entre sí». Precisamente por esta unidad el Papa Juan XXIII, que tenía una gran devoción a san José, estableció que en el Canon romano de la Misa, memorial perpetuo de la redención, se incluyera su nombre junto al de María, y antes del de los Apóstoles, de los Sumos Pontífices y de los Mártires.

San Juan Pablo II

Exhortación Apostólica Redemptoris Custos sobre la figura y la misión de san José

martes, 24 de febrero de 2015

Hoy te llamo "Padre", con ternura y de verdad

Martes I de Cuaresma

Is 55, 10-11
Sal 33
Mt 6, 7-15




En la palabra Padre está el fundamento de la Piedad y de toda oración, a saber: la confianza sin cansancio en la misericordia sin medida ni fin de Dios, como Padre en toda la extensión del sentido de ese nombre, el más grande en los cielos y en la tierra..., o sea, confianza en Dios Autor, Conservador, Providencia, Médico, Perdonador, Remunerador, Consejero, Consolador, Amigo...


En la palabra nuestro está la condición esencial de toda oración, a saber: el amor a los hermanos, empezando por el Mayor, Jesús...; ese pedir todos para todos es no excluir a ningún prójimo de mi amor. ¡Ah, sí nos fijáramos un poquito en ese carácter colectivo, familiar, fraternal, que Jesús en su Evangelio, y la Madre Iglesia en su liturgia dan a todas sus oraciones! ¡Cómo no nos sentiríamos tan alejados y tan despegados los unos de los otros! ¡Cómo se cumplirían mejor los dos preceptos fundamentales a que se reduce toda la ley moral: amor a Dios sobre todo y amor al prójimo como nos amó Jesús!

En la palabra que estás en los cielos está el premio definitivo de toda oración: ¡Los cielos! ¡La glorificación suma de Dios y la suma felicidad del hombre! ¡No es esa, en definitiva, la aspiración de todo el que ora bien, como de todo el que obra bien?

(Beato Manuel González)