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lunes, 15 de junio de 2015

Misterio de amor que espera


Corazón de mi Jesús, que yo me de cuenta de que uno de los principales modos de mostrar tu amor a los hombres y tus ganas de santificarlos, es esperarlos en el sagrario, que yo me entere bien de ese misterio de amor que espera ¡hasta siglos! Mis prisas ¡cómo no se parecen a ese tu esperar en paz!


(Beato Manuel González)

domingo, 20 de abril de 2014

¡RESUCITÓ!

Jesucristo resucitado es principio, causa y modelo de toda resurrección. Como su ocupación en su vida mortal fue hacer bien a todo  el que se le acercaba, su ocupación en la eternidad es y será la de resucitar y glorificar todo lo suyo.




Jesucristo en la tierra, en su vida mortal como en su vida de Sagrario, es siempre el Sembrador de la Resurrección; en donde quiera que llega el aliento de su boca o el contacto de su mano allí queda siempre un germen de resurrección que florecerá en su día.

 ¡Qué bella es mi fe y qué dilatados horizontes abre delante de mí!
Beato Manuel González


domingo, 23 de febrero de 2014

Un Amor gratuito...

“Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen”… 
Señor, me llamas a vivir en el amor, a vencer el mal con el amor, un amor gratuito, generoso, que alcance a todos.




Dame la gracia y la fortaleza para corresponder a esta invitación en lo concreto de mi vida.

                                               Punto de ENcuenTRO - Febrero 2014

jueves, 25 de julio de 2013

Esperanza, sorpresa y alegría...

Tres sencillas actitudes: Mantener la esperanza... Dejarse sorprender por Dios... Vivir con alegría...


Mantener la esperanza: Cuántas dificultades hay en la vida de cada uno, en nuestra gente, nuestras comunidades. Pero, por más grandes que parezcan, Dios nunca deja que nos hundamos. Ante el desaliento que podría haber en la vida, en quien trabaja en la evangelización o en aquellos que se esfuerzan por vivir la fe como padres y madres de familia, quisiera decirles con fuerza: Tengan siempre en el corazón esta certeza: Dios camina a su lado, en ningún momento los abandona. Nunca perdamos la esperanza. Jamás la apaguemos en nuestro corazón. El «dragón», el mal, existe en nuestra historia, pero no es el más fuerte. El más fuerte es Dios, y Dios es nuestra esperanza. Queridos hermanos y hermanas, seamos luces de esperanza. Tengamos una visión positiva de la realidad. Demos aliento a la generosidad que caracteriza a los jóvenes, ayudémoslos a ser protagonistas de la construcción de un mundo mejor: son un motor poderoso para la Iglesia y para la sociedad.

Dejarse sorprender por Dios: Quien es hombre, mujer de esperanza —la gran esperanza que nos da la fe— sabe que Dios actúa y nos sorprende también en medio de las dificultades.
Dios nunca deja de sorprender, Dios guarda lo mejor para nosotros. Pero pide que nos dejemos sorprender por su amor, que acojamos sus sorpresas. Confiemos en Dios. Alejados de él, el vino de la alegría, el vino de la esperanza, se agota. Si nos acercamos a él, si permanecemos con él, lo que parece agua fría, lo que es dificultad, lo que es pecado, se transforma en vino nuevo de amistad con él.

Vivir con alegría: Queridos amigos, si caminamos en la esperanza, dejándonos sorprender por el vino nuevo que nos ofrece Jesús, ya hay alegría en nuestro corazón y no podemos dejar de ser testigos de esta alegría. El cristiano es alegre, nunca triste. Dios nos acompaña. Jesús nos ha mostrado que el rostro de Dios es el de un Padre que nos ama. El pecado y la muerte han sido vencidos. El cristiano no puede ser pesimista. No tiene el aspecto de quien parece estar de luto perpetuo. Si estamos verdaderamente enamorados de Cristo y sentimos cuánto nos ama, nuestro corazón se «inflamará» de tanta alegría que contagiará a cuantos viven a nuestro alrededor. 

Sí, Madre, nos comprometemos a hacer lo que Jesús nos diga. Y lo haremos con esperanza, confiados en las sorpresas de Dios y llenos de alegría. Que así sea.

Papa Francisco

lunes, 17 de junio de 2013

Dejarse amar por el Señor

"Esto puede sonar como una herejía, ¡pero es la verdad más grande! Más difícil que amar a Dios es dejarse amar por Él. La manera de devolver tanto amor es abrir el corazón y dejarse amar. Dejar que Él esté cerca de nosotros y sentirlo cerca. Permitirlo que sea tierno, que nos acaricie. Esto es muy difícil: dejarse amar por Él. 
Y esto es quizás lo que debemos pedir hoy en la misa: "Señor, yo quiero amarte, ¡pero enséñame la difícil ciencia, el difícil hábito de dejarme amar por Tí, de sentirte cercano y tierno! Que el Señor nos dé esta gracia".
                     Papa Francisco