martes, 31 de marzo de 2015

Martes Santo: Derrochar misericordia ¡hasta lo imposible! y ¡sin esperar nada!

Un Salvador que se ha puesto por norma inexorable respetar la libertad humana, ¿qué más ha podido hacer? ¿Qué más milagros de paciencia y delicadezas de misericordia podía derrochar para salvar a aquel hombre obstinado en ser traidor? Y cuenta que sabiendo por anticipado Jesús con su ciencia infinita lo infructuoso de su acción misericordiosa sobre Judas, pudo ahorrársela. Pero como a más de Salvador era Maestro, prefirió dejar probada hasta la saciedad con su ejemplo a los que constituía salvadores y maestros del mundo la que había de ser la gran regla de su Apostolado, a saber: derrochar misericordia y paciencia por tratar de salvar un alma ¡hasta lo imposible! y ¡sin esperar nada!

Judas no sacó provecho del derroche de misericordia del Corazón de Jesús para con él. Pero los apóstoles de entonces y los de todas las edades, entre otros muchos provechos, han obtenido dos: el de haber sacado el retrato del Corazón de Jesús en su mejor postura y el gráfico más completo de su Apostolado.



Ante el misterio de Jesús sereno, y hasta deferen­te, con su amigo y apóstol traidor, durante tres años ¡qué bien se facilita y entiende dar perdón al enemigo, aunque no lo pida y siga odiando. El ir a los lobos como corderos. El presentar la mejilla al que le hirió en la otra. El hacerse pequeño para ser grande y todos esos imposibles humanos de la ley evangélica!

Judas, y todos los Judas que Dios permita en su Iglesia, son ciertamente una mancha negra, muy negra, pero indispensa­ble para que destaque y se pruebe la grandeza del Corazón de Jesús y del corazón de sus apóstoles.


(Beato Manuel González)

lunes, 30 de marzo de 2015

Lunes Santo: ¡A los pies del Señor!

A los pies del Señor ungiéndolos y besándolos [...] ¿Sabéis lo que significa eso? Echarse a los pies de una persona es la actitud del respeto llevado a la adoración, de la súplica más encarecida, de la gratitud más rendida, del arrepentimiento más sincero y de la adhesión más inquebranta­ble y, en una palabra, del amor humilde; y estarse a los pies es hacer y confesar todo eso perpetuamente... 

(Beato Manuel González)



Señor, enséñanos a vivir siempre 
a los pies de Jesús Sacramentado.

lunes, 23 de marzo de 2015

¿Qué mandáis hacer de mí?

El pasado viernes nos unimos en oración por los seminaristas de nuestra diócesis, sus formadores y pidiendo al Señor por las vocaciones en nuestro #PuntodeENcuenTRO mensual en la capilla de San Jorge. Contamos con el testimonio del seminarista Sergio Pérez al que agradecemos su presencia.

¡Os esperamos el próximo 10 de abril!


jueves, 19 de marzo de 2015

San José, depositario del misterio de Dios

Cuando María, poco después de la anunciación, se dirigió a la casa de Zacarías para visitar a su pariente Isabel, mientras la saludaba oyó las palabras pronunciadas por Isabel «llena de Espíritu Santo» (Lc 1, 41). Además de las palabras relacionadas con el saludo del ángel en la anunciación, Isabel dijo: «¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!» (Lc 1, 45). Estas palabras han sido el pensamiento-guía de la encíclica Redemptoris Mater, con la cual he pretendido profundizar en las enseñanzas del Concilio Vaticano II que afirma: «La Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz» y «precedió» a todos los que, mediante la fe, siguen a Cristo.



Ahora, al comienzo de esta peregrinación, la fe de María se encuentra con la fe de José. Si Isabel dijo de la Madre del Redentor: «Feliz la que ha creído», en cierto sentido se puede aplicar esta bienaventuranza a José, porque él respondió afirmativamente a la Palabra de Dios, cuando le fue transmitida en aquel momento decisivo. En honor a la verdad, José no respondió al «anuncio» del ángel como María; pero hizo como le había ordenado el ángel del Señor y tomó consigo a su esposa. Lo que él hizo es genuina "obediencia de la fe" (cf. Rom 1, 5; 16, 26; 2 Cor 10, 5-6).

Se puede decir que lo que hizo José le unió en modo particularísimo a la fe de María. Aceptó como verdad proveniente de Dios lo que ella ya había aceptado en la anunciación. El Concilio dice al respecto: «Cuando Dios revela hay que prestarle "la obediencia de la fe", por la que el hombre se confía libre y totalmente a Dios, prestando a Dios revelador el homenaje del entendimiento y de la voluntad y asintiendo voluntariamente a la revelación hecha por él». La frase anteriormente citada, que concierne a la esencia misma de la fe, se refiere plenamente a José de Nazaret.

El, por tanto, se convirtió en el depositario singular del misterio «escondido desde siglos en Dios» (cf. Ef 3, 9), lo mismo que se convirtió María en aquel momento decisivo que el Apóstol llama «la plenitud de los tiempos», cuando «envió Dios a su Hijo, nacido de mujer» para «rescatar a los que se hallaban bajo la ley», «para que recibieran la filiación adoptiva» (cf. Gál 4, 4-5). «Dispuso Dios —afirma el Concilio— en su sabiduría revelarse a sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad (cf. Ef 1, 9), mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina (cf. Ef 2, 18; 2 Pe 1, 4)».

De este misterio divino José es, junto con María, el primer depositario. Con María —y también en relación con María— él participa en esta fase culminante de la autorrevelación de Dios en Cristo, y participa desde el primer instante. Teniendo a la vista el texto de ambos evangelistas Mateo y Lucas, se puede decir también que José es el primero en participar de la fe de la Madre de Dios, y que, haciéndolo así, sostiene a su esposa en la fe de la divina anunciación. El es asimismo el que ha sido puesto en primer lugar por Dios en la vía de la «peregrinación de la fe», a través de la cual, María, sobre todo en el Calvario y en Pentecostés, precedió de forma eminente y singular.

La vía propia de José, su peregrinación de la fe, se concluirá antes, es decir, antes de que María se detenga ante la Cruz en el Gólgota y antes de que Ella, una vez vuelto Cristo al Padre, se encuentre en el Cenáculo de Pentecostés el día de la manifestación de la Iglesia al mundo, nacida mediante el poder del Espíritu de verdad. Sin embargo, la vía de la fe de José sigue la misma dirección, queda totalmente determinada por el mismo misterio del que él junto con María se había convertido en el primer depositario. La encarnación y la redención constituyen una unidad orgánica e indisoluble, donde el «plan de la revelación se realiza con palabras y gestos intrínsecamente conexos entre sí». Precisamente por esta unidad el Papa Juan XXIII, que tenía una gran devoción a san José, estableció que en el Canon romano de la Misa, memorial perpetuo de la redención, se incluyera su nombre junto al de María, y antes del de los Apóstoles, de los Sumos Pontífices y de los Mártires.

San Juan Pablo II

Exhortación Apostólica Redemptoris Custos sobre la figura y la misión de san José

miércoles, 18 de marzo de 2015

Punto de ENcuenTRO Marzo


La vocación es un fruto que madura en el campo bien cultivado del amor recíproco que se hace servicio mutuo, en el contexto de una auténtica vida eclesial. Ninguna vocación nace por sí misma o vive por sí misma. La vocación surge del corazón de Dios y brota en la tierra buena del pueblo fiel, en la experiencia del amor fraterno. (Francisco)

Dispongamos el corazón para orar este viernes por las vocaciones.

¡Te esperamos! #PuntodeENcuenTRO

martes, 17 de marzo de 2015

Sin levantarse no se anda

¡Con qué relieve aparece ante mis ojos ésa que después de todo es una verdad de sentido común!: que para andar aunque sea un solo paso es menester levantarse.

El «levántate» que hacía andar a los paralíticos, desper­taba a los dormidos y echaba fuera de sus tumbas a los muertos, ¿qué ha conseguido de mí? Porque es cierto que a mi oído ha llegado más de una vez en los buenos ratos que siguen a una fervorosa Comunión o acompañan a una visita al Sagra­rio, el «levántate» de aquellos milagros y también es cierto que después he seguido cojeando con una vida de frecuentes caídas y recaídas, o me he vuelto a dormir en el sueño de la tibieza o ¡qué pena! me he vuelto a morir y me han llevado otra vez a la tumba...


Y, sin embargo, sin levantarnos, nada podemos hacer ni en la obra de Dios, que es su gloria, ni en la obra del prójimo y nuestra, que es la santificación.

A la luz de esta consideración tan rudimentaria, he visto la causa de la infecundidad de no pocas acciones y empresas dirigidas al parecer por espíritu cristiano y para fines cristianos.

El secreto de esa infecundidad está en que los que así obran son gentes que se empeñan en realizar ese contrasenti­do. Andar y hacer andar sin levantarse ellos del pecado o de la tibieza...

Vosotros que andáis empeñados en la gran obra de la compañía del Sagrario abandonado, ¿habéis empezado por levantaros? ¿Tratáis cada día de oponer al «descansa ya, déjalo todo» que os susurra al oído la sensualidad o el amor propio, el «levántate» que el Maestro bueno del Sagrario os dice tantas veces...?

(Beato Manuel González)

sábado, 14 de marzo de 2015

¡Si fuéramos a Él!

¿Y si los pecadores, si nosotros los pecadores, cuando el remordimiento nos carcome y la vergüenza de nuestras indignidades enrojece nuestras caras, cuando el demonio de la desesperación nos empuja a quitar remordimientos con el falso placer de pecados nuevos y nos cierra los ojos y el corazón para que no vean ni sientan la mirada siempre compasiva de Jesús, nos pusiéramos a orar ante Jesús del Sagrario y decirle la palabra de confianza: Padre; y la de confesión: pequé contra el cielo y contra Ti; y la de asco de sí: no soy digno de ser llamado hijo tuyo , y la petición humilde de: recíbeme siquiera como a uno de tus criados, como el pródigo del Evangelio; y fuéramos a llorarle como la Magdalena y san Pedro, y con los ojos entornados por la confusión, y la boca abierta por la confianza, le repitiéramos el "mírame propicio a mí, pecador" del humilde publicano...


¡Cómo sentiríamos la opresión de sus brazos sobre nuestros hombros y cuello, y el beso del perdón sobre nuestra frente y el "vete en paz, hijo, que tus pecados están perdonados" o el "Yo no te condeno tampoco".

(Beato Manuel González)

viernes, 13 de marzo de 2015

Dejarse tocar por Él

Evangelio de hoy: Mc 12,28b-34


La Palabra del Señor, que acaba de resonar en el Evangelio, nos ha recordado que toda la ley divina se resume en el amor. El evangelista san Mateo narra que los fariseos, después de que Jesús respondiera a los saduceos dejándolos sin palabras, se reunieron para ponerlo a prueba (cf. 22, 34-35). Uno de estos interlocutores, un doctor de la ley, le preguntó: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?». A esa pregunta, decididamente insidiosa, Jesús responde con total sencillez: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente. Este mandamiento es el principal y primero». De hecho, la exigencia principal para cada uno de nosotros es que Dios esté presente en nuestra vida. Como dice la Escritura, él debe penetrar todos los estratos de nuestro ser y llenarlos completamente: el corazón debe saber de él y dejarse tocar por él; e igualmente el alma, las energías de nuestro querer y decidir, como también la inteligencia y el pensamiento. Es poder decir, como san Pablo: «No soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí» (Ga 2, 20).

(Benedicto XVI)

miércoles, 11 de marzo de 2015

Una ley grabada en el corazón


Son dos las tentaciones que se han de afrontar en este momento de la historia de la Iglesia: retroceder por ser temerosos de la libertad que viene de la ley «realizada en el Espíritu Santo» y ceder a un «progresismo adolescente», es decir, propenso a seguir los valores más fascinantes propuestos por la cultura dominante. El Papa Francisco habló de ello en su homilía, comentando las lecturas —de la segunda carta de san Pablo a los Corintios (3, 4-11) y del Evangelio de san Mateo (5, 17-19). Se centró sobre todo en las explicaciones dadas por Jesús a quienes le acusaban de querer cambiar la ley de Moisés. Él los tranquiliza diciendo: «Yo no vengo a abolir la ley sino a darle pleno cumplimiento».

Esta ley «es sagrada —observó el Papa— porque conducía al pueblo a Dios». Por lo tanto, «no se puede tocar». Había quien decía que Jesús «cambiaba esta ley». Él, en cambio, buscaba hacer entender que se trataba de un camino que conduciría «al crecimiento», es más, a la «plena madurez de esa ley. Y decía: Yo vengo a dar cumplimiento. Así como el brote que "despunta" y nace la flor, así es la continuidad de la ley hacia su madurez. Y Jesús es la expresión de la madurez de la ley».

El Pontífice reafirmó luego el papel del Espíritu Santo en la transmisión de esta ley. En efecto, «Pablo dice que esta ley del Espíritu la tenemos por medio de Jesucristo, porque no somos capaces de pensar algo como procedente de nosotros; nuestra capacidad viene de Dios. Y la ley que Dios nos da es una ley madura, la ley del amor, porque hemos llegado a la última hora. El apóstol Juan dice a su comunidad: Hermanos, hemos llegado a la última hora. A la hora del cumplimiento de la ley. Es la ley del Espíritu, la que nos hace libres».

Sin embargo, se trata de una libertad que, en cierto sentido, nos da miedo. «Porque —precisó el Pontífice— se puede confundir con cualquier otra libertad humana». Y «la ley del Espíritu nos lleva por el camino del discernimiento continuo para hacer la voluntad de Dios»: también esto nos asusta.

Pero cuando nos asalta este miedo corremos el riesgo de sucumbir a dos tentaciones —advirtió el Santo Padre. La primera es la de «volver atrás porque no estamos seguros. Pero esto interrumpe el camino». Es «la tentación del miedo a la libertad, del miedo al Espíritu Santo: el Espíritu Santo nos da miedo». Pero «la seguridad plena está en el Espíritu Santo que te conduce hacia adelante, que te da confianza y, como dice Pablo, es más exigente: en efecto, Jesús dice que "antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley". Por lo tanto es más exigente, incluso si no nos da la seguridad humana porque no podemos controlar al Espíritu Santo».

La segunda tentación es la que el Papa definió como «progresismo adolescente». No se trata de auténtico progreso: es una cultura que avanza, de la que no logramos desprendernos y de la cual tomamos las leyes y los valores que más nos gustan, como hacen precisamente los adolescentes. Al final, el riesgo que se corre es el de resbalar y salirse del camino. Según el Pontífice, se trata de una tentación recurrente en este momento histórico para la Iglesia. «No podemos retroceder —dijo el Papa— y deslizarnos fuera del camino». El camino a seguir es este: «La ley es plena, siempre en continuidad, sin cortes: como la semilla que acaba en la flor, en el fruto. El camino es el de la libertad en el Espíritu Santo, que nos hace libres, en el discernimiento continuo sobre la voluntad de Dios, para seguir adelante por este camino, sin retroceder» y sin resbalar. Y concluyó: «Pidamos el Espíritu Santo que nos da vida, que lleva hacia adelante, que lleva a la plena madurez esa ley que nos hace libres».

(Papa Francisco, miércoles, 12 de junio de 2013)

jueves, 5 de marzo de 2015

Partícula para eucaristizarnos. Marzo 2015

«¡Cuántas veces se quejará Jesús 

de lo pronto que nos cansamos de Él! 

¡Qué pena da escribir: cansados de Jesús! 

De Él, ¡tan incansable en estarse en el Sagrario, 

ansioso de ganas de dar pan, paz, salud, perdón, 

consuelo y vida eterna al que se le acerque y pida!»

Florecillas de Sagrario: OO.CC. I, n. 642






¿Podemos imaginarnos a Dios agobiado y sentado sobre una piedra diciendo ¡no puedo más, esto me supera!? Recordemos las palabras del profeta «¿Es que no lo sabes? ¿Es que no lo has oído? Que Dios desde siempre es Yahveh, creador de los confines de la tierra, que no se cansa ni se fatiga, y cuya inteligencia es inescrutable» (Is 40,28). Él siempre está, nos espera para perdonarnos, curarnos, fortalecernos. «Dios no se cansa nunca de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de acudir a su misericordia» (Evangelii gaudium, 3).

San Mateo es quien ha querido que se grabasen en nuestro corazón las últimas palabras de Jesús resucitado «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo». Estas palabras son las que dan esperanza y sostén al verdadero creyente de poder contar con Jesús siempre. No se trata de un recuerdo amistoso, ni de una promesa vacía que se queda solo en la buena intención de quien la hace, sino que permanece con los suyos siempre. Él está vivo, anima y llena con su espíritu a la comunidad creyente, a la Iglesia, por eso da la seguridad de que cuando dos o tres se reúnen en su nombre allí está en medio de ellos.

Pero también nos regaló otra presencia asombrosa, aunque muy poco comprensible para la razón humana. En una aparente paradoja, la noche de la última cena pascual, cuando dice a sus discípulos que se irá, inaugura un modo nuevo de estar con nosotros mediante la presencia de su Cuerpo y Sangre en la Eucaristía.

Jesús se queda en cada Sagrario para que no sea la tristeza y la angustia quien nos oprima. Él quiere infundir, en lo más profundo de nosotros, la certeza de que no es la violencia o la dureza sino la fuerza inmensa del amor quien hace posible que nuestra vida llegue más allá de la muerte.


Cada encuentro con Él nos transmite una esperanza firme en medio de un mundo que presenta oscuras perspectivas y que parece bloquear toda confianza. Nos muestra el sentido de la auténtica orientación a nuestro vivir, pues a pesar de que nuestra sociedad nos ofrece medios placenteros y atractivos de vida, no nos dice cuál es la verdadera razón de nuestra existencia.


Acercándonos a Él experimentaremos la seguridad de que no hay sufrimiento que sea irrevocable, ningún fracaso sea absoluto, ninguna frustración definitiva y, sobre todo, que no hay pecado imperdonable.

Jesús vino a salvar al hombre y continúa ofreciendo su salvación en su presencia eucarística, pero muchas veces no encuentra quien quiera salvarse y esta presencia se hace inservible. A los creyentes, miembros de la Familia Eucarística Reparadora, nos tiene que doler que tantos no lo sepan, que no se aprovechen de ese don que ofrece pan, paz, salud, perdón, consuelo y vida eterna al que se le acerque y pida.

El beato Manuel González quería que todas las personas que se encontraba en su camino se diesen cuenta y se aprovechasen del don de la Eucaristía. Así, «desde los inicios de su vida parroquial, abría de par en par las puertas de la casa de Dios antes que ninguna otra casa del pueblo, para que todo el que por allí pasara, se diera cuenta de que los brazos abiertos del Corazón de Dios allí estaban esperando» (J. Campos Giles, El Obispo del Sagrario abandonado, 6ª ed., p. 246).


Hna. Mª Leonor Mediavilla, m.e.n.



miércoles, 4 de marzo de 2015

¡Feliz 105º aniversario!


Si no hay locura a que no se atreva el amor, ni heroísmo a que no llegue la compasión, ¿quién podrá contar las locuras y los heroísmos de los cientos y de los miles de corazones de miembros de esta familia eucarística que forman el ejército de la Lealtad con Jesús Eucaristía? (Beato Manuel González)


 


¡Gracias, por estos 105 años 
anunciando que sólo Tú, Jesús-Eucaristía, 
eres la Vida que hace vivir!

Esta tarde, en la Santa Iglesia Catedral de La Laguna tendrán lugar los siguientes actos, presididos por Don Daniel Padilla, asesor nacional de la UNER:

- 16h Vía crucis

- A continuación un tiempo de Adoración eucarística

- 18h Celebración de la Eucaristía

La UNER también celebrará el Jubileo con motivo del centenario y reapertura de la Santa Iglesia Catedral.

La UNER de Tenerife invita a compartir su alegría en el aniversario de su fundación. 

viernes, 27 de febrero de 2015

Celebración del 105º aniversario de la UNER

El día 4 de marzo, se cumple el 105º aniversario de fundación de la UNER por el Beato Manuel González. En la Santa Iglesia Catedral de La Laguna tendrán lugar los siguientes actos, presididos por Don Daniel Padilla, asesor nacional de la UNER:

- 16h Vía crucis

- A continuación un tiempo de Adoración eucarística

- 18h Celebración de la Eucaristía

La UNER también celebrará el Jubileo con motivo del centenario y reapertura de la Santa Iglesia Catedral.

La familia eucarística invita a compartir su alegría en el aniversario de su fundación. 

miércoles, 25 de febrero de 2015

Beato Manuel González: Hombre elegido y consagrado

El 25 de febrero, domingo del año 1877, nació a las cinco de la mañana, en Sevilla, en la Calle del Vidrio, número 22, el tercero de los cuatro hijos del matrimonio formado por Don Martín González Lara y  Doña Antonia García Pérez. Ambos naturales de Antequera (Málaga,) desde donde se trasladaron a Sevilla unos dos años antes del nacimiento de Manuel.



“Un Sacerdote no es ni más ni menos 
que un hombre elegido y consagrado por Dios 
para pelear contra el abandono del Sagrario" 

(Beato Manuel González)

martes, 24 de febrero de 2015

Hoy te llamo "Padre", con ternura y de verdad

Martes I de Cuaresma

Is 55, 10-11
Sal 33
Mt 6, 7-15




En la palabra Padre está el fundamento de la Piedad y de toda oración, a saber: la confianza sin cansancio en la misericordia sin medida ni fin de Dios, como Padre en toda la extensión del sentido de ese nombre, el más grande en los cielos y en la tierra..., o sea, confianza en Dios Autor, Conservador, Providencia, Médico, Perdonador, Remunerador, Consejero, Consolador, Amigo...


En la palabra nuestro está la condición esencial de toda oración, a saber: el amor a los hermanos, empezando por el Mayor, Jesús...; ese pedir todos para todos es no excluir a ningún prójimo de mi amor. ¡Ah, sí nos fijáramos un poquito en ese carácter colectivo, familiar, fraternal, que Jesús en su Evangelio, y la Madre Iglesia en su liturgia dan a todas sus oraciones! ¡Cómo no nos sentiríamos tan alejados y tan despegados los unos de los otros! ¡Cómo se cumplirían mejor los dos preceptos fundamentales a que se reduce toda la ley moral: amor a Dios sobre todo y amor al prójimo como nos amó Jesús!

En la palabra que estás en los cielos está el premio definitivo de toda oración: ¡Los cielos! ¡La glorificación suma de Dios y la suma felicidad del hombre! ¡No es esa, en definitiva, la aspiración de todo el que ora bien, como de todo el que obra bien?

(Beato Manuel González)

lunes, 23 de febrero de 2015

Cuaresma: dejándonos tocar el corazón

El pasado miércoles, iniciamos confiados y alegres el itinerario cuaresmal.  El viernes, nos reunimos un mes más en la Capilla San Jorge. Juntos, escuchamos con atención la invitación del Señor a la conversión, a dejarnos tocar el corazón, a volver a Él, acogiendo su gracia que nos hace hombres nuevos, con aquella sorprendente novedad que es participación en su vida misma.

¡¡¡Gracias a todos!!!


jueves, 19 de febrero de 2015

Si alguien quiere seguirme...



Jueves después de ceniza

Dt 30,15-20
Sal 1
Lc 9, 22-25


Madre Inmaculada, ¡qué trabajo cuesta a mi flaca naturaleza tomar mi cruz! Le digo muchas veces que la cruz es un regalo y un recuerdo del Jesús de mi Comunión, que es el pago de mi deuda con Dios ofendido, que es el instrumento de mi redención y justificación ahora y después el trono de mi glorificación... y parece que mi naturaleza no se entera o no me cree y sigue acobardada o huida ante la Cruz. ¡Se siente tan feliz cuando se figura que se ha descarga de ella! 

Un rayito de luz, un soplo de aliento, Madre querida, a mi cabeza y a mi corazón, para que aprendan y se decidan a mirar y a querer como amiga la cruz. Sobre todo yo quisiera saber cómo, siendo regalo de tu Hijo, la cruz me turba, me desasosiega y pone en peligro de apartarme de Él no pocas veces. 

Ésta es la lección que te pido para mi Comunión de hoy. 

Dile a tu Jesús que, aunque muy cobarde por mi condición, yo quiero tomar la cruz que Él me dé, con el peso que Él me la mande, y sacar de ella todo lo que El quiera que saque. 

(Beato Manuel González)

miércoles, 18 de febrero de 2015

Punto de ENcuenTRO

Aquí estoy, Dios mío, 
preparado para escucharte de todo corazón...
confiando...dócil...

martes, 17 de febrero de 2015

El amor que re-crea

Martes 17 de febrero, 6º del tiempo ordinario

Gn 6,5-8;7,1-5.10

Sal 28

Mc 8,14-21


A veces la experiencia del mal hace que todo se vuelva negro a nuestro alrededor. Todo es oscuridad y de tanto mirar lo negativo, se nos "estrecha" la mirada.

Vivamos con los ojos abiertos, acogiendo cada signo de esperanza que hay a nuestro alrededor, especialmente el signo del Reino por excelencia, que es la celebración eucarística.

domingo, 15 de febrero de 2015

Señor, si quieres...

"Señor, si quieres, puedes limpiarme", exclamó ante Jesús un pobre leproso.

¡Cuánta fe en el poder, cuánta confianza en la misericordia y cuánta conformidad con el querer de Dios encierra esa palabra!

¡Ah, si las repitiéramos ante las puertecitas del Sagrario con la misma fe, confianza y conformidad que el leproso, cómo sentiríamos caer sobre la lepra de nuestros pecados, penas y enfermedades el "quiero, queda limpio" de la misericordia omnipotente que allí palpita! 

(Beato Manuel González)

viernes, 13 de febrero de 2015

El amor que crea (IV)

Viernes, 13 de febrero, 5º del tiempo ordinario

Gn 3,1-8
Sal 31
Mc 7,31 37


El pecado está tan metido en nuestra vida que hacemos todo lo posible por no verlo, por esconderlo. Se instala en nosotros bajo multitud de formas, pero siempre bajo el sello de la apropiación, del egoísmo, de todo lo opuesto al amor.

Contemplamos hoy a Jesús, realizando un gesto creador sobre un hombre encerrado en sí mismo, como hizo el Señor, en el principio.

Vivamos dejando que ese mismo Jesús se acerque, modele con sus manos nuestras fragilidades instaladas e insufle su aliento de vida en nuestras cerrazones.

jueves, 12 de febrero de 2015

El amor que crea (III)

JUEVES, 12 DE FEBRERO, 

5º DEL TIEMPO ORDINARIO

Gn 2, 18-25

Sal 127

Mc 7, 24-30


Creados a imagen y semejanza de Dios, no podemos vivir solos. Dios es amor y el amor es encuentro. Necesitamos, para poder ser, descubrirnos en la mirada de otro. Gran paradoja la que nos hace necesitar al otro para llegar a ser nosotros mismos en plenitud.

"Nuestra fe responde a una Persona que quiere entrar en una relación de amor profundo con nosotros y comprometer toda nuestra vida" (Benedicto XVI). Vivamos con el corazón abierto a la acción de Dios, a esa comunicación de amor que quiere regalarnos y que es, sobre todo, buena noticia en nuestras vidas.

miércoles, 11 de febrero de 2015

La sabiduría del corazón

Mensaje con ocasión de la XXIII Jornada Mundial del Enfermo 2015


Queridos hermanos y hermanas:

Con ocasión de la XXIII Jornada Mundial de Enfermo, instituida por san Juan Pablo II, me dirijo a vosotros que lleváis el peso de la enfermedad y de diferentes modos estáis unidos a la carne de Cristo sufriente; así como también a vosotros, profesionales y voluntarios en el ámbito sanitario.

El tema de este año nos invita a meditar una expresión del Libro de Job: «Era yo los ojos del ciego y del cojo los pies» (29,15). Quisiera hacerlo en la perspectiva de la sapientia cordis, la sabiduría del corazón.

1. Esta sabiduría no es un conocimiento teórico, abstracto, fruto de razonamientos. Antes bien, como la describe Santiago en su Carta, es «pura, además pacífica, complaciente, dócil, llena de compasión y buenos frutos, imparcial, sin hipocresía» (3,17). Por tanto, es una actitud infundida por el Espíritu Santo en la mente y en el corazón de quien sabe abrirse al sufrimiento de los hermanos y reconoce en ellos la imagen de Dios. De manera que, hagamos nuestra la invocación del Salmo: «¡A contar nuestros días enséñanos / para que entre la sabiduría en nuestro corazón!» (Sal 90,12). En esta sapientia cordis, que es don de Dios, podemos resumir los frutos de la Jornada Mundial del Enfermo.

2. Sabiduría del corazón es servir al hermano. En el discurso de Job que contiene las palabras «Era yo los ojos del ciego y del cojo los pies», se pone en evidencia la dimensión de servicio a los necesitados de parte de este hombre justo, que goza de cierta autoridad y tiene un puesto de relieve entre los ancianos de la ciudad. Su talla moral se manifiesta en el servicio al pobre que pide ayuda, así como también en el ocuparse del huérfano y de la viuda (vv.12-13).
Cuántos cristianos dan testimonio también hoy, no con las palabras, sino con su vida radicada en una fe genuina, y son «ojos del ciego» y «del cojo los pies». Personas que están junto a los enfermos que tienen necesidad de una asistencia continuada, de una ayuda para lavarse, para vestirse, para alimentarse. Este servicio, especialmente cuando se prolonga en el tiempo, se puede volver fatigoso y pesado. Es relativamente fácil servir por algunos días, pero es difícil cuidar de una persona durante meses o incluso durante años, incluso cuando ella ya no es capaz de agradecer. Y, sin embargo, ¡qué gran camino de santificación es éste! En esos momentos se puede contar de modo particular con la cercanía del Señor, y se es también un apoyo especial para la misión de la Iglesia.

3. Sabiduría del corazón es estar con el hermano. El tiempo que se pasa junto al enfermo es un tiempo santo. Es alabanza a Dios, que nos conforma a la imagen de su Hijo, el cual «no ha venido para ser servido, sino para servir y a dar su vida como rescate por muchos» (Mt 20,28). Jesús mismo ha dicho: «Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve» (Lc 22,27).
Pidamos con fe viva al Espíritu Santo que nos otorgue la gracia de comprender el valor del acompañamiento, con frecuencia silencioso, que nos lleva a dedicar tiempo a estas hermanas y a estos hermanos que, gracias a nuestra cercanía y a nuestro afecto, se sienten más amados y consolados. En cambio, qué gran mentira se esconde tras ciertas expresiones que insisten mucho en la «calidad de vida», para inducir a creer que las vidas gravemente afligidas por enfermedades no serían dignas de ser vividas.

4. Sabiduría del corazón es salir de sí hacia el hermano. A veces nuestro mundo olvida el valor especial del tiempo empleado junto a la cama del enfermo, porque estamos apremiados por la prisa, por el frenesí del hacer, del producir, y nos olvidamos de la dimensión de la gratuidad, del ocuparse, del hacerse cargo del otro. En el fondo, detrás de esta actitud hay frecuencia una fe tibia, que ha olvidado aquella palabra del Señor, que dice: «A mí me lo hicisteis» (Mt 25,40).
Por esto, quisiera recordar una vez más «la absoluta prioridad de la "salida de sí hacia el otro" como uno de los mandamientos principales que fundan toda norma moral y como el signo más claro para discernir acerca del camino de crecimiento espiritual como respuesta a la donación absolutamente gratuita de Dios» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 179). De la misma naturaleza misionera de la Iglesia brotan «la caridad efectiva con el prójimo, la compasión que comprende, asiste y promueve» (ibíd.).

5. Sabiduría del corazón es ser solidarios con el hermano sin juzgarlo. La caridad tiene necesidad de tiempo. Tiempo para curar a los enfermos y tiempo para visitarles. Tiempo para estar junto a ellos, como hicieron los amigos de Job: «Luego se sentaron en el suelo junto a él, durante siete días y siete noches. Y ninguno le dijo una palabra, porque veían que el dolor era muy grande» (Jb 2,13). Pero los amigos de Job escondían dentro de sí un juicio negativo sobre él: pensaban que su desventura era el castigo de Dios por una culpa suya. La caridad verdadera, en cambio, es participación que no juzga, que no pretende convertir al otro; es libre de aquella falsa humildad que en el fondo busca la aprobación y se complace del bien hecho.
La experiencia de Job encuentra su respuesta auténtica sólo en la Cruz de Jesús, acto supremo de solidaridad de Dios con nosotros, totalmente gratuito, totalmente misericordioso. Y esta respuesta de amor al drama del dolor humano, especialmente del dolor inocente, permanece para siempre impregnada en el cuerpo de Cristo resucitado, en sus llagas gloriosas, que son escándalo para la fe pero también son verificación de la fe (Cf. Homilía con ocasión de la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II, 27 de abril de 2014).

También cuando la enfermedad, la soledad y la incapacidad predominan sobre nuestra vida de donación, la experiencia del dolor puede ser lugar privilegiado de la transmisión de la gracia y fuente para lograr y reforzar la sapientia cordis. Se comprende así cómo Job, al final de su experiencia, dirigiéndose a Dios puede afirmar: «Yo te conocía sólo de oídas, mas ahora te han visto mis ojos» (42,5). De igual modo, las personas sumidas en el misterio del sufrimiento y del dolor, acogido en la fe, pueden volverse testigos vivientes de una fe que permite habitar el mismo sufrimiento, aunque con su inteligencia el hombre no sea capaz de comprenderlo hasta el fondo.

6. Confío esta Jornada Mundial del Enfermo a la protección materna de María, que ha acogido en su seno y ha generado la Sabiduría encarnada, Jesucristo, nuestro Señor.

Oh María, Sede de la Sabiduría, intercede, como Madre nuestra por todos los enfermos y los que se ocupan de ellos. Haz que en el servicio al prójimo que sufre y a través de la misma experiencia del dolor, podamos acoger y hacer crecer en nosotros la verdadera sabiduría del corazón.

Acompaño esta súplica por todos vosotros con la Bendición Apostólica.


Francisco

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El próximo 20 de febrero, déjate tocar el corazón #PuntodeENcuenTRO